En un blog que ha dedicado su existencia a temas de amor, tanto de parejas como frente a los hijos, a nuestros hermanos, a nuestro trabajo y a nosotros mismos, he querido publicar unas investigaciones sugerentes que hablan de lo contrario, es decir de la inexistencia del amor. De lo difícil que es arriesgar nuestra integridad en aras de un pseudoamor que sólo nos deja destrozados y abandonados, despojados de nuestra dignidad y de toda ilusión. Juzguen ustedes mismos.
"No tiene caso negarlo, mucho menos mentir al respecto. Yo también fui víctima del amor. Yo también llegué a estar embriagado por esa idea de “amar” a
alguien y en nombre de ese sentimiento fui capaz de hacer cosas que no
considero, ni consideraba entonces, correctas o dignas;
Pero nada de eso
importaba si a cambio podía mantener a mi lado a esa persona que me
daba lo que tanto había anhelado, que me hacía sentir todo eso que
siempre había querido… pero todas las historias, cuentos y relatos
tienen un final;
todas las ilusiones se esfuman cuando las salpica la
más mínima gota de realidad; los sueños, las esperanzas, todo eso que
acompañaba a la efímera idea de “estar enamorado”, todo se evapora
dejando una amarga carga de vacío, un olor a desesperanza, y un
empalagoso deseo de venganza.
Nos invade la desesperación porque no
sabemos cómo recuperar eso que perdimos; entonces pasamos del letargo de
la ilusión, al aturdimiento de la aversión; de la dulce torpeza del
distraído, al vulgar descuido del abandonado; todo esto consecuencia de
haber alimentado indiscriminadamente, tal como nos enseñaron, a ese
fantasma con grillete que resulta el “amor”.
El amor no existe.
No es un ingrediente indispensable para la receta de la felicidad. No es
la última Coca-Cola del desierto. No hace que las mañanas sean más o menos frías, o que las noches
sean más cortas o menos largas. No nos hace mejores, pero puede hacernos
peores. No ganamos nada cuando lo aceptamos, pero perdemos todo cuando
se nos escapa de las manos.
¿Por qué razón arriesgarlo todo por algo tan
etéreo, cuando nos podemos garantizar la felicidad eterna planificando
nuestro futuro con precisión científica? ¿Por qué abrir las puertas al
desequilibrio sentimental, cuando la seguridad emocional nos espera a la
vuelta de la esquina?
El amor no existe. Por lo menos no en
esta vida, no en este planeta, no en esta realidad. No existe en la
profundidad de su mirada. Nunca ha estado en la ternura de sus besos, ni
en el calor de sus caricias. No se esconde en mi cabeza cuando recuerdo
su respiración, ni camina por mi espalda, como lo hacen sus dedos,
cuando no está.
No alimenta de suspiros mis pulmones, porque no deambula
la ciudad. No acelera mi corazón porque no le doy cuerda, ni dejo la
rienda suelta para que paste a libertad. No. Yo no."